Cerdito

Cerdito

 

Papi tiene encerrado a Cerdito. Doña María lo escondía en un galponcito, pero le empezó a dar lástima y fue entonces que nos preguntó si lo queríamos tener en casa. Aunque me hubiera gustado más tener uno con cabeza de vaca y jugar con él al laberinto, papi me dijo que escuchó en las noticias que esos eran muy peligrosos, que si quería uno me tenía que conformar con éste.

Pobre bicho, anda siempre desnudo, de rodillas, y cuando alguien entra al cuarto enseguida se acurruca en un rincón. Yo le digo “bicho” cariñosamente. Papi le dice “monstruo” pero creo que lo hace porque no lo entiende.

Papi dice que a veces Cerdito lo mira con odio, pero yo creo que en realidad le está queriendo preguntar por qué lo tenemos encerrado en un cuarto de dos por dos. Cerdito sería feliz en el parque, pero papi se pondría furioso al verlo jugar entre los arbustos y flores que dejó mami, entre los helechos, las fuentes y los enanos de jardín.

Le dimos el cuarto que era del abuelo Aldo; el lugar era bastante lindo antes de Cerdito, antes de quitar el empapelado de barquitos, la cama, las pilas de libros. Me da pena verlo encerrado en un lugar tan chico, pero visto y considerando que en otro lugar no puede estar, nunca digo nada, no sea cosa de que papi se canse y quiera regalarlo.

La verdad es que Cerdito es bastante limpio y ordenado, más allá de que papi siempre lo tiene a raya. Por ejemplo, en el rincón junto a la ventana, acumula toda su basura hasta que la sacamos en una bolsa negra. Cuando hay mucho olor en el cuarto, papi se enoja y empieza a gritar. Entonces Cerdito se encoge en su rincón y nos mira avergonzado. Por el contrario, cuando está relajado, Cerdito usa el lugar donde estaba la cama para descansar, apoyando la espalda en el piso y las patas sobre la pared. Para dormir, en cambio, usa la esquina más oscura, donde la luz de la pequeña ventana apenas llega. Todas las noches me pide que le cuente alguna historia antes de acostarse y entonces se acurruca a mi lado y se queda escuchando. A papi no le gusta que le cuente cuentos; dice que le van a dar ideas. Cuando Cerdito se duerme, le pongo una manta encima para que no pase frío.

A veces le da por pararse en dos patas, pero entonces empieza a hacer remolinos con los brazos, pierde el equilibrio, cae hacia atrás y nos reímos juntos. Igual, me imita bastante bien, usando las manos para sostener las zanahorias y choclos cuando come, usando los dedos para quitar las semillas de las naranjas. Cuando papi no está, le enseño a moverse como un hombre, a poner la espalda recta. Él me invita a sentarme en canastitas y a mirarnos, a jugar a ver quién pestañea antes. En eso es bueno Cerdito: no pestañea nunca y siempre me gana.

El viernes aproveché que papi se había ido al banco y fui a saludar a Cerdito. Me asusté al verlo, porque estaba de pie, mirando por la ventana; se ve que de tanto practicar aprendió a mantener el equilibrio. Después del susto me alegré y lo felicité y fui a buscarle unas frutillas para festejar, pero cometí el error de dejar la puerta sin llave y al volver, el cuarto estaba vacío. Pensé que Cerdito estaría jugando en el jardín, pero ahí tampoco estaba. Entonces se me prendió la lamparita y entré corriendo al cuarto de papi; Cerdito se miraba al espejo y trataba de ponerse una de sus camisas. Me enojé mucho y le grité que volviera a su cuarto, que papi podía llegar en cualquier momento y que se iba a armar una de película. Mientras lo regañaba, creí escuchar un gruñido. Esa noche soñé que Cerdito golpeaba a papi, que lo arrastraba hacia el cuarto del abuelo y lo dejaba tirado. Más tarde le dejaba frutas y una botella de vino.  En el sueño, Cerdito vestía un traje a rayas, usaba zapatos y llevaba puesto el sombrero de papi. Parecía todo un caballero.

Esta mañana llamó Doña María para preguntar qué íbamos a hacer con Cerdito, que seguramente no estábamos al tanto, pero que ahora era ilegal tenerlos en casa. Papi se puso como loco y le preguntó si sabía cómo ponerse en regla. Cuando colgó, papi me dijo que lo mejor era sacrificarlo, que esa era la única forma de evitar las multas, que encima eran altísimas. Además, había que apurarse antes de que algún vecino de la manzana nos delatara, porque seguramente la vieja de la esquina no iba a tardar en llamar a los de Fauna.

Fue entonces que Papi dijo que tenía que ir hasta lo del vasco a comprar unos cartuchos, que se había quedado sin municiones después del la última vez que salió a cazar arpías con los Di Matteo. Esperé a que papi saliera y fui hasta el cuarto del abuelo; Cerdito me estaba esperando. Le di direcciones de amigos, un mapa, dinero para el viaje y un libro de Salgari, cosa de que no se aburriera durante el viaje. Mientras le explicaba, Cerdito parecía entenderlo todo. Después lo ayudé a cambiarse: le di un traje, un par de zapatos de los nuevos y, aunque sabía que luego papi se enojaría muchísimo, le regalé su sombrero preferido; si bien el traje no le quedaba exactamente como lo había visto en el sueño, Cerdito parecía una persona respetable. Por último, le regalé las gafas ahumadas del abuelo Aldo, para que pasara desapercibido en el ómnibus de larga distancia.

Nos despedimos con un apretón de manos y le hice prometer que me escribiría una carta.

En las noticias dicen que la cosa está jodida, que hubo que llamar al ejército. Papi dice que hay que matar a todos esos monstruos de una buena vez, pero a mí me dan pena los pobres bichos. Sólo espero que Cerdito esté bien.

 

Foto gentileza de Ramiro Rodriguez Fotografía © – https://www.facebook.com/ramiro.rodriguezfotografia/photos

by Matías Castro Sahilices ®
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19 pensamientos en “Cerdito

  1. Cecilia dice:

    Tu cerdito me ha dejado pensando… que tanto hemos perdido ese niño/a que todos llevamos dentro… cuando necesitamos de cartuchos para acabar con las esperanzas de ese monstruo… que a veces es nuestra propia sombra!!

    Genial Matías!!

  2. evavill dice:

    Sí, un poco como la metamorfosis pero al revés.

  3. matusalen dice:

    Muy bueno, además a este la ilustración le va como piña y lo completa.
    Abrazo. Estoy en san mar, matusalen.

  4. Romi dice:

    Da para pensar muchísimo… Sin palabras…

  5. fulca dice:

    Se agradecen las lecturas y los comentarios.

  6. plared dice:

    Oyes, este es realmente bueno…Me ha gustado

  7. carlosmateos21 dice:

    Cerditos somos y cerditos moriremos, sacrificados por cualquier motivo…

  8. fulca dice:

    Mil gracias a todos por los comentarios !

  9. Shira Shaman dice:

    Hermoso , y conmovedor, eres estupendo.

  10. zoraimamp dice:

    Mortal. Un texto con mil y una interpretaciones.

    Se me ocurren varios cerditos a los que sacrificar (no en el sentido estricto de la palabra, claro, pero sacrificar el puesto de trabajo… ¿por qué no?). Hasta nuestro (me lo apropio cariñosamente como lectora) cerdito podría hacerlo mil veces mejor que un político y sin explicaciones.

    He visto este post en el blog de Triste Sina y con él, te has ganado una seguidora más.

    Saludos.

  11. Nieves dice:

    Muy bueno, raro y “descifrable” según cada uno… Yo ando en ello.
    El libro no seria — Sandokan– Na, curiosidad!
    Besos infernales!

  12. Muy interesante el cuento, la verdad me atrapó.
    Que disfrutes de un lindo fin de semana

  13. Eduardo dice:

    Inquietante la soledad de todos, Cerdito no es el único que corre riesgos, el clima del relato es tan bueno que da la sensación de materialidad, es raro.

  14. Triste Sina dice:

    Reblogueó esto en Ya lo saben…y comentado:
    No leer a Matías Castro Sahilices pudiendo hacerlo es simplemente imperdonable…

  15. […] No leer a Matías Castro Sahilices pudiendo hacerlo es simplemente imperdonable. Cerdito. […]

  16. Triste Sina dice:

    Ya me espera un finde bastante intenso y como si necesitara más “estrujamientos” de corazón me encuentro con esto. Tómalo como reproche por escribir tan bien. Eres inmenso, cabronazo.

  17. fulca dice:

    Gracias Guille, por leer y estar acá.

  18. Guillermo dice:

    Genial Matias

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