La señora Darco

Un_incendio_(Goya) 2

 

— Aunque todavía no ha cumplido los catorce años, nos atrevemos a asegurar que la joven muestra un conjunto de síntomas característicos correspondientes al diagnóstico de esquizofrenia. Los síntomas incluyen constantes alucinaciones auditivas con voces que dan órdenes y sugerencias, ideas delirantes perfectamente estructuradas y alucinaciones visuales, aunque las últimas en menor medida.     

El doctor Bedford esperó un instante antes de proseguir. Los ojos de la mujer estaban fijos en una pintura enmarcada que colgaba en el fondo.

— Si bien el período de observación fue demasiado corto, teniendo en cuenta que el primer episodio psicótico ocurrió cuando tenía once años, y sumado a que las alucinaciones y los delirios son cada vez más frecuentes, el pronóstico no es nada alentador. Con respecto a la personalidad, la joven muestra un modelo esquizoide: pocas actividades le dan placer, se muestra indiferente tanto a los halagos como a las críticas y constantemente elige actividades solitarias.

La mujer permanecía con la vista fija en la pintura. El médico se inclinó hacia atrás y dándole un rápido vistazo a la reproducción, dijo:

— ¿Conoce usted la obra de Goya? Es un regalo de uno de mis pacientes. Se llama “incendio. Fuego en la noche”. Quizá no es lo más indicado para un consultorio, pero aquí está.

La mujer negó con la cabeza, y visiblemente avergonzada, dirigió la vista hacia el rosario que sostenían sus manos.

—Señora Darco, la joven presenta Esquizofrenia paranoide con diagnóstico subsidiario de trastorno de la personalidad.

La mujer seguía sin mirarlo a los ojos.

— No sé si me ha entendido, pero se lo voy a decir de otra manera: su hija padece un trastorno en la percepción. Ve y oye cosas que no son reales. Por ejemplo, dice que un ángel le ha encomendado una misión muy importante para el reino de los cielos. Entiendo que son una familia muy religiosa y que quizá eso le haya facilitado el material para sus alucinaciones, pero la situación es grave, muy grave. La niña debe ser medicada y es muy importante que su familia la acompañe. Debo preguntarle: ¿dentro del círculo familiar ha habido algún otro caso de esquizofrenia?

— No que yo sepa — contestó la mujer, tímidamente.

El doctor Bedford escribió en su recetario, lo selló y le acercó el papel a la mujer. Ella tardó un segundo en tomarla: había decido darle un último vistazo a la pintura.

— La trataremos con 30 mg de haloperidol durante las primeras dos semanas, y con la mitad de la dosis las semanas siguientes. Deberá volver a la clínica en quince días, para su tratamiento de control. Al cabo de los treinta días, lo más probable es que todos los síntomas hayan desaparecido.

La mujer guardó la receta y el rosario en su cartera, y se puso de pie. El doctor le estrechó la mano y la acompañó hasta la puerta.

— Tengo entendido que usted sola se ha ocupado de la crianza de la joven. Teniendo en cuenta la ausencia del padre, sería bueno que algún otro familiar venga la próxima vez; estas cosas se resuelven mejor si todos los miembros de la familia se encuentran involucrados.

La mujer asintió y esa fue su despedida cuando se abrió la puerta del consultorio.

Después de atravesar un largo pasillo pintado de colores pasteles, la mujer llegó hasta el jardín custodiado por varios enfermeros que vestían el blanco. Su hija se mecía suavemente en una hamaca, sola, alejada del resto de los pacientes que había en el parque de la clínica. Al ver a su madre, la joven detuvo el vaivén y se acercó.

Durante el trayecto en autobús desde la clínica hasta el pueblo, madre e hija permanecieron en silencio. El vehículo hizo su habitual parada frente a la iglesia y ambas descendieron.

Cuando llegaron a la casa, la joven subió las escaleras y se encerró en el cuarto, mientras la mujer, agotada, se dejó caer en el sillón de la sala.

Esa noche, Juana Darco habló con Santa Catalina, con Santa Margarita y finalmente con San Miguel. Les volvió a decir, como cada día, que continuaría con la misión que le habían encomendado de niña, aunque ello le tomara toda la vida. Pero por primera vez en catorce años, les pidió encarecidamente que cuidaran de su hija.

 

by Matías Castro Sahilices ®

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9 pensamientos en “La señora Darco

  1. plared dice:

    Me gusta el final, realmente bueno. Cuidate

  2. fulca dice:

    Se agradece su visita, señorita Lorena. ;)

  3. fulca dice:

    Seguimos en contacto Waltercito !!!!

  4. fulca dice:

    Gracias por pasar Stella !!

  5. Stella dice:

    Espléndido|, con un final incierto.
    Hasta pronto.

  6. Dessjuest dice:

    Mira que me jode leer esto, sobre todo porque me acuerdo de mis textos, que se perdieron para siempre :D

    Un placer releerlo. abrazos.

  7. Lore dice:

    Como siempre, me genera intrigas y ganas de saber un poco más. Muy interesante, genial!

  8. Walter dice:

    Buenísimo!!!!!

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