Ultimo tramo

El reflejo del ventanal que da a Grand Street me devuelve la sonrisa de un tipo desnudo que sostiene una trompeta, la luz ámbar de la lámpara a lo largo del bronce y una repentina sensación de vértigo. De cualquier manera ya no tiene importancia qué recuerdo antes de caer, abrir los ojos y verme tendido en el suelo.

Me pongo de pie y recorro el cuarto, las agujas del reloj marcando la media noche y mientras los cadáveres de botellas de whisky me acusan desde el living con sus dedos de fiesta y soledad,  lentamente voy entendiendo que todo lo que alguna vez empezó quedará incompleto.El comienzo de la gira en París, la novela de detectives que me recomendó Lisa o la butaca vacía junto al viejo O`Sullivan en Belmont Park. Todos esos eventos junto a tantos otros, quedarán en la lista de las cosas que jamás sucederán.

Entonces, veo las pastillas, las jeringas y las partituras arrugadas con algunas pisadas marcadas,  todo decorando la alfombra junto a una montaña de ropa, mientras las moscas giran sobre la mesa donde he creado un gran parque de diversiones con las sobras de la comida. Más de una vez pensé que este departamento le pertenece a las botellas vacías, a los platos sucios y a los millares de colillas de cigarrillos, mientras que todo lo demás es lo que sobra, lo que debería salir en las bolsas de basura. La radio, los libros y el florero sin flores, meditan el exilio voluntario.

Me acerco al fonógrafo y descubro que el último disco que sonó fue At the Jazz Band Ball de Bix, cosa que me hace pensar que Tánatos es en realidad un cómico, y es entonces que se me aparecen los muchachos de la banda y ese álbum que quedará a medias, aunque seguramente Norman encontrará a alguien que me reemplace, quizá Bunny o quizá decidan prescindir de mi parte, empezar de nuevo.

Y entre los paquetes de cigarrillos encuentro la carta a la tía Claire hecha un bollo, sólo escrita por la mitad con las últimas palabras como derretidas, como caídas de la hoja. Y escucho una gotera que viene del baño que marca un ritmo suave, imsoblue, como invitando a seguirla, a perderme entre las cañerías para bajar y escapar hacia la calle, caer al asfalto entre cubos de desperdicios y gatos flacos. Entonces busco la pluma para continuar la carta a la tía Claire, pero puede estar en cualquier lado, quizá debajo del mueble o entre la comida podrida, como una nueva atracción del parque para insectos.

Entonces, los vecinos gritando y después golpeando la cama contra la pared, empujando como queriendo entrar en mi cuarto, los vecinos gimiendo de una manera que me genera envidia o nostalgia y repentinamente recuerdo que Valentine me espera en el Shangai, a solo unas manzanas, probablemente borracha ya, y Bill mirando de reojos mientras se acuerda de mi madre y le sirve otro trago, y la pobre Valentine esperando, y yo repasándolo todo con serenidad, con una calma que huele a solución de acertijo, mientras decido dejar el departamento, el cuerpo desnudo todavía agarrado al bronce y estas ganas de seguir viviendo la vida de los vivos.

by Matías Castro Sahilices ®

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