La sombra del otro

Dedicado a J. B. Hickok

I

La chica reparte las cartas con celeridad, mientras los tres jugadores esperan. La luz dorada que entra inclinada desde la ventana ilumina las partículas de polvo que flotan en el saloon número seis del pueblo de Blackriver. Uno de los jugadores acaba de perder el poco dinero que había sacado durante la semana, revolviendo el rio en busca de oro.  El otro reza secretamente para que le toquen esas cartas que lo harán recuperar parte de la fortuna que acaba de dejar sobre la mesa. El tercero se hace llamar Bill Dawson, va vestido con una elegante levita negra, tiene puesto su sombrero de ala ancha y además de prestar atención a las hermosas manos de la mujer que raciona el azar, vigila a sus compañeros de juego y pone especial atención en la puerta.

A pesar de que ha querido dejar viejas costumbres, Bill Dawson está sentado de espaldas a la pared para tener una buena visión de todo el que ingrese al local; esta vez el disparo lo espera de frente y no desde atrás. Usa la mano izquierda para sostener las cartas y cuando éstas descansan sobre la mesa, el vaso de whisky.  De vez en cuando, peina el cuidado mostacho gris que le llega hasta la mandíbula inferior con su mano derecha y vuelve a apoyarla sobre la mesa, quedando libre la mano más hábil para desenfundar y disparar una de las Colt que cuelgan de su cinturón. A veces, para no olvidar un viejo hábito, se obliga a sostener las cartas con la derecha y apretar el gatillo con la otra. Y más de una vez ha disparado con las dos al mismo tiempo.

Blackriver es un pueblo sin ley. El antiguo representante era muy conocido por su talento con el revólver y por su conducta honorable. Hace dos días una bala lo alcanzó frente a su oficina, en la calle. La mano que disparó con puntería y que dejó sin ley al pueblo es la misma mano del que se hace llamar Bill Dawson.

II

El sol comienza a esconderse detrás de las montañas del estado de Montana, y aunque es verano, las temperaturas comienzan a bajar cuando el atardecer decide darle lugar a la noche. Por eso, el hombre conocido como Schatten, levanta el cuello de su mugriento abrigo mientras observa el pueblo desde la altura, antes de comenzar el descenso de las montañas que circundan el valle. Sabe que su presa está jugando en alguna cantina, y el que ahora deja caer sobre la mesa un póker de ochos, sabe que el cazador ha llegado.

Cuando se vieron por primera vez en Abilene, Bill Dawson era un hombre de ley y Schatten un forajido. Hoy, diez años después del primer encuentro, el bandolero dejó sus malos hábitos para dedicarse enteramente a cazar al antiguo sheriff, convertido ahora en un pistolero de renombre, y el que en su momento fue el perseguido se ha convertido en el perseguidor. Pero hace tiempo que ambos están cansados: uno de huir de su sombra y el otro de representarla. Por eso, el que está jugando póker se quedará esta vez a esperar que el otro entre al saloon.

III

El recién llegado entra al pueblo y con las últimas luces del día, la oscura figura se proyecta desde el comienzo hasta el final de la calle principal. Mientras ata su caballo, una breve alegría lo invade y entiende que al otro le ha tocado una buena mano. Ingresa al hotel y pide una habitación; el fuerte olor que desprenden sus ropas es insoportable. Por eso el pulcro conserje se cubre la nariz con un pañuelo mientras le pregunta por su nombre. Él responde: Bill Dawson. Sube a la habitación asignada y ante la luz de una lámpara de aceite, escribe una carta para su esposa, la señora Dawson. Una vez terminada la carta, baja las escaleras y se la entrega al conserje para que éste la despache por la mañana. Entonces se dirige al saloon número seis.

Antes de entrar al recinto, desenfunda su arma. Sabe que el otro pretende estar jugando, pero que está al tanto de cada uno de sus movimientos. Empuja la puerta y en ese instante vuelve a experimentar la sensación de vértigo que lo envolvió aquella vez que se vieron en Abilene, cuando creyó que el mundo giraba fuera de control y al despertar se encontró en el cuerpo del otro. Sabe que es el momento de acabar de una buena vez con esa conexión nauseabunda, con esa impresión de vivir la vida de otro. Ha soportado durante mucho tiempo la horrible figura que le devuelve el espejo, las miradas de terror que provoca en los hombres, las bofetadas de mujeres que nunca vio antes. Hoy, diez años después de la vez que se encontraron cara a cara, tiene la posibilidad de terminar el infierno que empezó cuando dejó su cuerpo para habitar el del otro, cuando dejó de ser Bill Dawson para ser Schatten. Entonces, a pesar del mareo y de la vertiginosa velocidad que vuelve todo borroso, decide accionar el gatillo. En el saloon número seis del pueblo de Blackriver, sólo se escucha un disparo.

El mundo deja de girar, las imágenes se vuelven nítidas, la sensación se desvanece. El cuerpo del recién llegado cae junto a la puerta, con un agujero en el pecho. Entonces, mientras sostiene los naipes con su mano izquierda y una Colt todavía humeante en la otra, Bill Dawson vuelve a ser Bill Dawson.

by Matías Castro Sahilices ®

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10 pensamientos en “La sombra del otro

  1. Lore dice:

    Genial amigo! Me encanto!!

  2. fulca dice:

    Gracias por entrar. Si, lo mio es el relato corto; qué le vamos a hacer.

  3. plared dice:

    Apunta maneras, aunque corto en el desarrollo…..Saludos

  4. fulca dice:

    jajaja ! gracias che; A mi también me pasa: siempre que pienso en Wild Bill, se me aparece Aldred.

  5. El Dani dice:

    ¡Muy bueno! Aunque no entendí la dedicatoria al hermano de Alfred…

  6. Fede 10 dice:

    Muy bueno, y si, para tener una Colt en el bolsillo, minimo tenes que ser un Mcfly…

  7. fulca dice:

    Tres comentarios de tres grandes amigos. Gracias por entrar y quedarse un rato !

  8. Gretel dice:

    buenísimo, eastwood! jaja

  9. Elena dice:

    Heyyyyyy Mati ….me encanta poder leer todo éso k tienes por tu cabecilla…k gozada !!! por supuesto akí me tienes todos los dias por si hay algo nuevo. Según vaya leyendo te hago comentarios, ok ? por supuesto nada profesional, solo sentimientos…jejeje…
    Un besazo enorme y de verdad k me alegro de k te hayas puesto un poco en serio a ésto…ya me contarás de todo lo demás ….muxu handi bat wapísimo !!!

  10. guillermo bordachar dice:

    Que bueno ver que seguís escribiendo, y poder leerte, te mando un abrazo grande y te voy a estar leyendo.

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