Tanka mosquero

Meliquina River

 

Pies en el agua

y vestido el anzuelo,

duda del río.

Si en vez de pez y hombre,

el reflejo de un tritón.

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El filo y la sombra

el filo y la sombra

“En un documento se daba nota de los objetos enviados a las misiones jesuíticas del Virreinato del Perú por orden de Francisco de Borja, destacándose una espada usada en la batalla de Alcoraz que, según la tradición oral, había pertenecido a San Jorge. Sigue leyendo

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Cerdito

Cerdito

 

Papi tiene encerrado a Cerdito. Pobre bicho, anda siempre desnudo y de rodillas. Yo le digo “bicho” cariñosamente. Papi le dice “monstruo” pero creo que lo hace porque no lo entiende.

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Un primo lejano

primo lejanoVolviendo de casa de Ana, le digo al taxista que doble por Puccio. El empedrado español hace vibrar el auto, el río no se ve pero está ahí, detrás de los faroles, el taxi pasa bajo el puente del poeta, después gira y toma Colombres, en dirección al centro. La tormenta ha cesado, pero el pavimento y las ruedas siguen con el ruidito ese como de chicle, como de pegamento. Sigue leyendo

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Confesiones

Empezó como un cosquilleo desde adentro, como una minúscula muchedumbre manifestándose desde la vejiga y, como se volvió algo difícil de tolerar, decidí que era hora de visitar el baño del bar. Una vez dentro, fue cosa de mirarse para empezar una charla de tipos que parecen amigos de toda la vida. Sigue leyendo

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Anábasis

Mientras los dedos empujan unas teclas, observa que las letras que aparecen en negro le dan forma a las palabras. Cuando la oración se extiende hasta llegar al extremo derecho, la mano busca una palanca del mismo lado. Al accionarla, una lámina increíblemente blanca y lisa sube dejando más espacio al descubierto. El hombre hunde las teclas a gran velocidad. Vuelve a usar la palanca, un rodillo gira, la hoja asciende. Sigue leyendo

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La hija del griego

Sos igualito a Alejandro Magno, me dijo como al pasar.Y cómo sabés que me parezco a Alejandro Magno, le pregunto. Porque estuve con el general griego hace mucho tiempo en una fiesta, me contesta, medio cagándose de risa.

Entonces me incliné un poco hacia atrás viste, como tomando distancia para mirarla mejor. Y claro, pensé. Una vez que me venía a hablar una mina, no podía ser otra que una loca de mierda. Sigue leyendo

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Alguna vez a un hombre

Durante el casamiento, quedamos que el Cura iba a pasar por casa, a eso de las diez. Mi madre me dejaba salir después de la cena porque era verano y cada dos o tres casas había un vecino sentado en la vereda con sus sillones y sus mascotas, tomando mates o comiendo frutas de postre. Sigue leyendo

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Georgeville

Georgeville

“Yo eligiré los hechos de la Historia más exacta, y vosotros veréis

en Jorge el Soldado del Cesar, fiel à Jesu-Christo”

(Fray Manuel de Espinosa, Oración Panegírica de San Jorge Mártir, II,  Zaragoza, 1779)

Ya nadie recuerda el antiguo nombre del pueblo, como nadie recuerda tampoco si él era un hombre particularmente apuesto, de elevada estatura o bien hablado. Sigue leyendo

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El escape

Me levanté ese día y volví a escuchar los gritos, los portazos. Sabía que mi vecina estaba llorando en su cuarto; además, era mi mejor amiga. Entonces, cansado de los abusos que sufría Rita, decidí ayudarla con una idea muy simple que venía organizando desde hacía un tiempo.   Sigue leyendo

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La señora Darco

Un_incendio_(Goya) 2

 

— Aunque todavía no ha cumplido los catorce años, nos atrevemos a asegurar que la joven muestra un conjunto de síntomas característicos correspondientes al diagnóstico de esquizofrenia. Los síntomas incluyen constantes alucinaciones auditivas con voces que dan órdenes y sugerencias, ideas delirantes perfectamente estructuradas y alucinaciones visuales, aunque las últimas en menor medida.      Sigue leyendo

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Multiverso

Camina por calle San Lorenzo apresurado; si llega nuevamente tarde al trabajo el gordo Venturini le va a complicar la existencia. Una cuadra antes de la oficina, ve que una chica se acerca caminando por la vereda. Cuando está lo suficientemente cerca para comprender que no se ha equivocado, que la minita es lindísima, nota que ella está llorando. Se cruzan. Sigue leyendo

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Ultimo tramo

El reflejo del ventanal que da a Grand Street me devuelve la sonrisa de un tipo desnudo que sostiene una trompeta, la luz ámbar de la lámpara a lo largo del bronce y una repentina sensación de vértigo. Sigue leyendo

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La sombra del otro

Dedicado a J. B. Hickok

I

La chica reparte las cartas con celeridad, mientras los tres jugadores esperan. La luz dorada que entra inclinada desde la ventana ilumina las partículas de polvo que flotan en el saloon número seis del pueblo de Blackriver. Uno de los jugadores acaba de perder el poco dinero que había sacado durante la semana, revolviendo el rio en busca de oro.  El otro reza secretamente para que le toquen esas cartas que lo harán recuperar parte de la fortuna que acaba de dejar sobre la mesa. El tercero se hace llamar Bill Dawson, va vestido con una elegante levita negra, tiene puesto su sombrero de ala ancha y además de prestar atención a las hermosas manos de la mujer que raciona el azar, vigila a sus compañeros de juego y pone especial atención en la puerta. Sigue leyendo

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Mecánica cuántica

Cuando logre abrir un agujero de espacio-tiempo, viajaré desde esa punta del túnel hasta la otra punta que terminará junto a tu cama. Entonces saldré como un regalo esperado detrás de muchas capas de papel envoltorio y te llenaré de besos y de abrazos y festejaremos juntos el hecho más importante de la historia de los viajes. Brindaremos por los físicos y por los escritores de ciencia ficción.Brindaremos también por los nuevos túneles que se abrirán, por los nuevos viajeros espacio-temporales que se animarán a entrar en agujeros con salidas desconocidas. Sigue leyendo

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Antiguos oficios

“… y el demonio aceptó la invitación,

ignorando que la cena había sido consagrada…”

C. R. Maturin, Cartas. Edimburgo , 1820.

Los zapatos se movían entre los sucios adoquines con habilidad, esquivando charcos y desperdicios. El hedor que emanaba de las fábricas de cerveza y de los cueros hervidos en orín de las curtiembres inundaba las calles; las fragancias agradables flotaban en otras zonas de aquella capital. Sigue leyendo

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